Una investigación del New York Times expone que la Casa de la Moneda de Estados Unidos ha adquirido oro proveniente de cárteles latinoamericanos, lo que contradice la normativa que exige que el metal sea de origen nacional.
La institución encargada de las monedas enfrenta serios cuestionamientos. El reportaje señala que parte del oro comprado procede de minas ilegales, entre ellas las controladas por el Clan del Golfo en Colombia.
El hallazgo pone en entredicho la autenticidad del oro que se comercializa como “100 % estadounidense”. Cada año, la Casa de la Moneda genera más de mil millones de dólares en monedas de inversión, pero el rastreo realizado muestra que cientos de millones provienen de oro importado que se integra a su cadena de suministro.
El proceso descrito es alarmante: el metal extraído en condiciones ilícitas en Colombia es “blanqueado” mediante pequeños mineros y comercios locales que lo exportan como si fuera legal. Posteriormente, llega a Texas, donde la empresa Dillon Gage lo refina y lo mezcla con otros metales. Esa mezcla se distribuye a grandes proveedores, incluidos los que abastecen a la Casa de la Moneda.
Compañías como Asahi USA han admitido que el oro que refinan proviene de distintos países. Aun así, la Casa de la Moneda ha sostenido durante años que su suministro es nacional, basándose en que sus proveedores también adquieren oro extraído en territorio estadounidense. Este argumento desata preguntas sobre la legalidad y ética de sus operaciones.
Una auditoría del Departamento del Tesoro en 2024 reveló que, por dos décadas, la institución apenas verificó el origen del metal que compraba. El Secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció una revisión para asegurar el cumplimiento de la ley y proteger tanto la seguridad nacional como la integridad del mercado.
La sociedad exige claridad y transparencia sobre la cadena de suministro del oro, pues es indispensable para recuperar la confianza pública en la Casa de la Moneda.














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