España colocará una barrera marítima entre Ceuta y Marruecos

De acuerdo con cifras oficiales España, el número de fallecidos ascendió a 67. Parte de las víctimas murieron ahogadas, mientras que otras perdieron la vida durante una aglomeración registrada al intentar cruzar un espigón.

El sábado por la mañana, un grupo pequeño de migrantes, agotados tras nadar hasta la playa urbana de El Tarajal, fue interceptado por militares que los condujeron de vuelta hacia el otro lado de la frontera. Según el Ministerio del Interior español, la mayor parte de quienes ingresaron al territorio nacional ya fue devuelta a Marruecos.

Somos implacables contra quienes infringen la ley“, afirmó ante la prensa el ministro del Interior de España, Fernando Grande-Marlaska, durante el sábado, al preguntarle sobre cómo fue posible que se produjera una entrada de tal magnitud pese al fuerte dispositivo de seguridad presente en ambos lados de la frontera, y sobre si Marruecos representaba un riesgo para Ceuta, el ministro salió en defensa del Ejecutivo marroquí.

“Los sucesos exigen una evaluación por parte de España y Marruecos”, expresó Marlaska, quien subrayó que fue precisamente la colaboración con el país vecino lo que permitió a España “revertir la situación en 24 horas”.

Marruecos no es ninguna amenaza ni para Ceuta ni para el resto de España. Es un socio fiable”, sostuvo el funcionario.

Luego de varias jornadas marcadas por el desorden y calles repletas de personas en busca de un futuro mejor en suelo español, la ciudad amaneció este sábado sumida en una tranquilidad que resultaba, sin embargo, inquietante.

A pesar de ello, la sensación de seguridad entre los habitantes de esta ciudad autónoma continuaba resentida.

“La vida en esta ciudad se ha visto alterada como resultado del incidente fronterizo”, explicó el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas.

“El retorno de personas ha comenzado satisfactoriamente, pero el proceso debe completarse”, añadió el mandatario local. “La ciudad aún no ha vuelto a la normalidad”.

Del otro lado, en la ciudad marroquí de Tánger ubicada a unos 75 kilómetros al oeste de Ceuta, la estación de tren principal se encontraba repleta de personas que regresaban desde Ceuta o desde la zona fronteriza. Algunos, vencidos por el cansancio, dormían directamente en el suelo, mientras los transeúntes los observaban a distancia.

“Intenté cruzar, pero fracasé. Me quedé cerca de la frontera con Ceuta durante dos días, pero no pude encontrar nada para comer”, relató un hombre identificado únicamente como Abdalah, quien pidió omitir su apellido por temor a sufrir represalias tras su intento de cruce irregular.

En la carretera que conduce a Fnideq, localidad marroquí fronteriza con Ceuta, se podía observar a numerosos migrantes caminando en dirección a la valla, varios de ellos descalzos. Tanto taxistas como conductores de autobuses se rehusaban a trasladarlos, por temor de posibles consecuencias ante las autoridades.

A lo largo de esa vía se desplegaron agentes policiales encargados de detener y revisar cada uno de los vehículos que se dirigían hacia Fnideq.

No obstante, entre quienes sí consiguieron llegar hasta Ceuta hubo quienes se mostraron firmes en su decisión de permanecer ahí, como el caso de Mohamed Hatri, marroquí de 23 años.

“Lo han cerrado todo para que no podamos comprar nada para comer, para obligarnos a regresar a nuestro país“, denunció Hatri.

“Pero aunque cierren (…) estamos decididos a quedarnos aquí, tengamos hambre o no“, añadió.

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