La misión Artemis II de la NASA concluyó este viernes con el regreso seguro de la cápsula Orión, que amerizó en el océano Pacífico frente a la costa de California. El operativo marcó un hito en la exploración espacial al completar un viaje tripulado alrededor de la Luna, el primero en más de cinco décadas.
La nave descendió a través de la atmósfera terrestre durante 13 minutos de intensa reentrada, soportando temperaturas cercanas a los 2 mil 760 grados centígrados y velocidades superiores a los 40 mil kilómetros por hora. A las 17:07 horas locales, los paracaídas se desplegaron y la cápsula tocó el mar frente a San Diego. La NASA confirmó que los cuatro astronautas se encuentran en buen estado de salud.
El responsable de asuntos públicos del Centro Espacial Johnson, Rob Navias, celebró la precisión del operativo al señalar que se trató de “un amerizaje perfecto en el punto exacto para Integrity”. También destacó el valor histórico de la misión: “desde las páginas de Julio Verne hasta una misión moderna a la Luna, se ha completado un nuevo capítulo en la exploración de nuestro vecino celeste”.
El viaje recorrió más de un millón de kilómetros, estableciendo nuevos récords de distancia y permitiendo obtener imágenes inéditas de la cara oculta de la Luna, además de un eclipse solar total que, según los astronautas, “simplemente nos dejó a todos boquiabiertos”, en palabras de Victor Glover.

Tras el amerizaje, los equipos de rescate verificaron la seguridad de la cápsula antes de abrir las escotillas. Los astronautas fueron trasladados en helicópteros al USS John P. Murtha, donde recibieron evaluaciones médicas previas a su regreso a Houston.
“Todavía no he empezado siquiera a procesar todo lo que hemos vivido… y atravesar la atmósfera montados en una bola de fuego también es algo profundamente impactante”, compartió Glover, piloto de la nave.
Artemis II no aterrizó en la Luna ni la orbitó, pero superó la distancia alcanzada por el Apolo XIII y marcó el punto más lejano al que ha viajado la humanidad desde la Tierra. En un gesto simbólico, los astronautas solicitaron nombrar dos cráteres en honor a su nave y a Carroll, esposa fallecida del comandante Wiseman.














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