El sector automotriz de México es uno de los sectores económicos más expuestos a posibles cambios por las reglas comerciales de Estados Unidos, quien ha logrado atraer inversiones hacia su propio territorio.
Hace apenas unos días, Toyota confirmó que trasladará parte de su producción a Estados Unidos, una decisión que se suma a los cierres previos de la planta de Nissan en Morelos y del complejo Cooperation Manufacturing Plant (Compas), ubicado en Aguascalientes.
Ignacio Martínez Cortés, coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios (Lacen) de la UNAM afirmó: “El nearshoring, la relocalización de las cadenas de suministro, nunca se generó, fue una ilusión óptica, un discurso fácil”. Martínez Cortés explicó, mientras México apostaba su estrategia al discurso de la relocalización, Estados Unidos optó por ofrecer beneficios fiscales, ajustar sus políticas arancelarias e impulsar el desarrollo tecnológico, lo que terminó convenciendo a compañías como Toyota de reforzar su presencia productiva en suelo estadunidense.
A esta situación se suma la tensión tras los resultados de la revisión anual del Tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC).
Jaime Álvarez, vicepresidente de inversiones y equipo de análisis de Skandia, señaló que junto con el de autopartes, el sector automotriz es el que enfrenta mayor vulnerabilidad a modificaciones en reglas comerciales regionales; explicó: “Particularmente, la industria automotriz norteamericana depende de cadenas de suministro altamente integradas, donde un vehículo puede cruzar la frontera entre México, Estados Unidos y Canadá varias veces antes de llegar al consumidor final”.
Martínez Cortés menciona que desde el 1º de enero de 2026, entraron en vigor nuevas reglas de origen que obligan a que el 75% del contenido de los vehículos que ingresan a Estados Unidos bajo el T-MEC provenga de ese país. Sin embargo, en el contexto de las conversaciones entre ambos gobiernos durante la revisión del tratado, la administración estadunidense planteó incrementar ese porcentaje hasta 82%, del cual la mitad debería ser de origen estadunidense. De acuerdo con el especialista, esta propuesta llama a las armadoras a mudar sus operaciones hacia EE.UU.
Martínez Cortés aborda el tema de la mano de obra mexicana, señala que ya no representa el mismo peso competitivo que antes: “Ya no basta esa mano de obra especializada (en México). Sí es importante reconocer que es una mano de obra especializada, muy barata, pero especializada”.
Álvarez, de Skandia, recordó que la industria automotriz mueve cientos de miles de millones de dólares al año y sostiene millones de empleos, tanto directos como indirectos, por lo que la falta de certeza derivada de las revisiones anuales del tratado podría llevar a los grandes fabricantes a repensar sus planes de producción. En sus propias palabras: “La incertidumbre de las revisiones anuales también puede retrasar nuevas inversiones extranjeras, ya que las empresas requieren estabilidad jurídica para instalar nuevas plantas o ampliar sus operaciones. Grandes fabricantes como General Motors, Ford, Stellantis, Toyota y Volkswagen podrían verse obligados a analizar parte de sus estrategias de producción si las reglas cambian significativamente”.
Desde el propio sector automotriz se ha señalado que la salida parcial de producción de Toyota constituye solamente un reacomodo puntual, sin que esto ponga en riesgo la dinámica general de inversión en México, ya que el país continúa siendo un actor relevante dentro de la industria regional. Pese a ello, Martínez Cortés advirtió que Estados Unidos tiene puesta la mira en convertirse en el centro neurálgico de la nueva era de la electromovilidad automotriz.














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