Durante casi año y medio la frontera entre México y Estados Unidos permaneció cerrada para el ganado mexicano debido a la aparición del gusano barrenador.
El saldo de esos 19 meses sin exportación se traduce en pérdidas que oscilan entre 2 mil 400 y prácticamente 3 mil millones de dólares, algo que afecta la capitalización del hato ganadero, un efecto que se puede prolongarse más allá del tiempo que duró el cierre de la frontera.
La exportación de ganado se detuvo en noviembre de 2024, cuando se detectó el parásito en Chiapas. A partir de ese momento, se frenó por completo el traslado de becerros y vacas hacia los corrales de engorda en Estados Unidos, un negocio que tan solo en ese año había creado 1.26 millones de cabezas de ganado, con un valor de mil 206 millones de dólares.
Las cifras del Consejo Mexicano de la Carne (ComeCarne), entre noviembre de 2024 y junio de 2026 dejaron de comercializarse 2 millones 63 mil animales. Esto representa cerca de los 34 mil 815 millones de pesos, o su equivalente de 2 mil 755 millones de dólares. Solamente en lo que va de 2026, hasta el mes de junio, el conteo del organismo llegó a 748 mil bovinos que no pudieron exportarse, con un valor de mil 41 millones de dólares.
Por otra parte, Rogelio Pérez Sánchez, el director de proyectos estratégicos y relaciones internacionales de la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas (CNOG), calculó el costo de oportunidad para el sector en 2 mil 500 millones de dólares.
“Hubo impacto negativo para los criadores pues no había incentivo para expandir el hato al especular bajos precios”, señaló. La falta de certeza sobre hacia dónde podrían dirigir sus exportaciones llevó a muchos productores a frenar sus planes de inversión.
Cifras adicionales
El Grupo Consultor de Mercados Agrícolas dio a conocer que durante el periodo de restricción se dejaron de exportar 1.97 millones de cabezas de ganado, lo que se representó una pérdida de divisas por 2 mil 400 millones de dólares. También se debe sumar el costo de oportunidad de 592 millones de dólares adicionales, que representa lo en lo que los productores tuvieron que vender sus animales en el mercado mexicano con precios más bajos que los que hubieran obtenido exportando. En conjunto, ambas cifras se acercan a los 3 mil millones de dólares.
Un becerro con destino a Estados Unidos se cotizaba en alrededor de mil 200 dólares por cabeza, mientras que en el mercado interno el precio bajaba hasta los 900 dólares. Esa brecha de 300 dólares por animal recayó en los ganaderos exportadores de estados como Chihuahua, Sonora, Durango, Tamaulipas y Coahuila.
Estados Unidos también sintió el impacto
El Grupo Consultor de Mercados Agrícolas estimó que el ganado que no cruzó la frontera habría producido 731 mil toneladas de carne, con un valor de 6 mil 240 millones de dólares para la industria estadunidense.
Los corrales de engorda estadunidenses también vieron caer sus ingresos por concepto de estancia y alimentación del ganado, al igual, las plantas empacadoras trabajaron con menos animales disponibles para el sacrificio. Esta escasez terminó por afectar al consumidor final, pues la carne molida llegó a costar cerca de 7 dólares por libra, y algunos cortes de sirloin rebasaron los 14 dólares.
Ahora que la frontera ha reabierto, el panorama luce distinto al que se vivió durante el cierre. Pérez Sánchez describe que: “Al abrirse la exportación mejora toda la cadena”, afirmó, refiriéndose a cómo el cambio de expectativas abre la puerta para que los productores vuelvan a pensar en expandir sus hatos ganaderos.














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